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Ladran pero no cabalgamos
Julio Anguita González / oct 08
Una ingente cantidad de editorialistas, redactores, tertulianos,
analistas reputados de sesudos, showmen de magazines y en general todos
aquellos y aquellas que quieren sentar cátedra de fieles alineados con
"nuestra democracia", la Constitución y el "mundo libre", vierten un día
tras otro, las consignas que sus propietarios les marcan en la hoja de
ruta del quehacer periodístico cotidiano. Fotos trucadas, silencios
mendaces, tergiversaciones clamorosas y artículos de escritores
laureados conforman el diario menú con el que se nutren periódicos,
revistas, radios y televisiones. Los gobiernos de Cuba, Bolivia,
Venezuela, Ecuador, etc constituyen el blanco de sus dicterios en el
marco de una referencia descalificatoria más global; el comunismo y las
políticas "populistas anti-mercado".
Y no se trata de análisis más o menos aviesos pero con un mínimo de
datos y rigor o de exposiciones que se basen en un trabajo previo
(siquiera tendencioso) de investigación, sino de torrentes y torrentes
de baba sazonados con zafiedad, estulticia y ausencia total de
deontología profesional. Desde todos los puntos cardinales se lanza una
permanente descalificación a las ideas comunistas o simplemente de
izquierda consecuente. Programas en los que la revolución soviética se
equipara al nazismo o al fascismo en todas sus encarnaciones,
tergiversaciones o silencios de hechos históricos que podrían demostrar,
siquiera con tacañería, aportaciones, realizaciones y logros conseguidos
en nombre de otra forma de entender la economía, la política, las
relaciones sociales o las preferencias a la hora de redistribuir la
riqueza. Es más, cuando las zaheridas víctimas de sus desafueros
verbales son ejemplos clamorosos para este mundo occidental nuestro, en
la práctica de la democracia hasta extremos no usuales por estos pagos,
se les ridiculiza, cuestiona y coloca en la picota.
¿Por qué? ¿Cuántas ojivas nucleares tienen estos países? ¿Están en
peligro los niveles consumistas de nuestra sociedad? ¿Son menores los
latrocinios de nuestras empresas allí instaladas por ser españolas?¿Qué
tiene de malo que se pretenda dignificar y elevar el nivel de vida de
todos sus habitantes sin exclusión? ¿No son acaso mandatos imperativos
de las Naciones Unidas el conseguir que todos los DDHH se extiendan a
toda la población? ¿Pero no habíamos quedado que el comunismo ha
fracasado y carece de cualquier posibilidad de renacer?¿Es que Fukuyama
no extendió bien el acta de defunción de esta "quimérica idea"? ¿Acaso
no han saludado a las organizaciones ,otrora de izquierdas, cuando éstas
se bañaban en el Jordán de la "izquierda posible"?¿No es cierto que
habéis vencido y la "bendita globalización" avanza en la resolución de
las lacerantes diferencias internacionales y sociales?
La cuestión radica en otro sitio. Tras la "derrota del comunismo" las
ideas del libre mercado, la competitividad y el crecimiento sostenido
darían paso a un mundo libre, sin gastos armamentísticos y de democracia
elevada a su máxima expresión. Fue lo que vino en llamarse La Utopía de
los años noventa. Incluso dentro de las formaciones comunistas y
colectivos de izquierda se instaló el pesimismo, la duda sobre la propia
identidad y el éxodo hacia otras formaciones políticas que representaban
la izquierda no cutre (Felipe González dixit) y no moderna.
El Liberalismo, libre de sus cargas y rémoras imputadas a la Guerra
Fría, podía entonces mostrar al mudo su munificencia, las bondades del
credo liberal y el imperio del derecho democrático. La Socialdemocracia
o izquierda puesta al día, e incardinada consecuentemente en el mundo de
hoy, podía demostrar ahora cómo el Socialismo del Siglo XXI era posible
sin tener que soportar la carga política de ser relacionada, ni siquiera
de lejos, con los derrotados.
El problema de las guerras de agresión protagonizadas por la OTAN , USA
y "el mundo libre" en esa misma década y la siguiente, la aumentada
producción de armamentos, las más de cincuenta guerras olvidadas por los
medios de comunicación, la corrupción instalada en los entresijos del
Estado, la amoralidad de los negocios rápidos y rapaces postulada como
la nueva frontera de la Modernidad por ministros como Solchaga, la
entrada a saco en los bienes y fondos públicos, el crimen de Estado, etc
mostraban que el problema era otro; estaba en ellos y en su sistema.
La mayor crisis conocida: económico-financiera, energética y
alimentaria, el crac permanente de las instituciones crediticias del
Imperio y su incidencia en el resto del mundo, el desmontaje del Estado
del Bienestar, allí donde lo hubo, junto con el crecimiento exponencial
de las diferencias de todo tipo, han dejado a los sacerdotes de la nueva
religión anonadados, estupefactos y confundidos. Ni siquiera las medidas
que en otros tiempos funcionaban se muestran incapaces; los fondos
públicos a esquilmar no son ilimitados; la libertad de mercado es
hollada en nombre del intervencionismo estatal a fin de salvar a los
poderosos; los países dependientes en vías de desarrollo protestan
contra el intercambio desigual y el proteccionismo de los ricos. Y como
trasfondo sombrío el repunte de una nueva Guerra Fría con su carrera de
armamentos incluida.
No tienen salidas desde sus esquemas; sus recetas les fallan porque el
sistema que los aúpa ha dado la vuelta al mundo y ya no hay espacios
nuevos que explotar; por otra parte, en los viejos la competencia es
terrible. Y es ahí donde está la clave del resurgimiento del lenguaje,
los métodos y la propaganda de la Guerra Fría: el horno está preparado
para la cocción de una alternativa de izquierda global, continental y
estatal. Los ejemplos de otras formas, otros métodos y otras utopías
concretadas día a día en pequeños países y en pequeñas parcelas de la
realidad es demasiado evidente. En el fondo atisban que aquello de que
Otro mundo es posible no parece quimérico, Saben perfectamente que la
Utopía puede hacer transacción con la realidad, enraizarse en ella y
producir con dificultades y esfuerzos, avances, logros y conquistas para
la mayoría. Les aterra de nuevo el fantasma del Comunismo. Si no fuera
así ¿por qué molestarse tanto en alancear al supuesto moro muerto?
El problema es que ellos ladran, pero al contrario del refrán, nosotros
no cabalgamos. La situación clama por la construcción de una alternativa
total desde la izquierda. La necesidad de una respuesta en programas,
propuestas, valores, acción política, movilizaciones y organización
consecuente con todo ello es más que urgente. Se perfectamente que no
puede improvisarse de la noche a la mañana pero recordemos aquello de la
paciencia impaciente.
Y es aquí, en esta tesitura donde nosotros con nuestros problemas
estamos insertos y tejiendo constantemente un velo de Penélope para uso
interno. Intensifiquemos el trabajo para que la Asamblea de IU sea el
comienzo de un proceso con dos vectores o líneas de fuerza : la
Refundación de nuestras herramientas y de manera simultánea y paralela
la construcción de una amplia alianza que abarcando desde La Economía,
El Estado, los Valores, la Ética y la Democracia promueva desde aquí, y
en íntima sintonía con los demás de otras latitudes, el renacer de un
tiempo nuevo.
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