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WALLERSTEIN. Para este
teórico de las ciencias sociales, la crisis estructural
que vivimos desembocará en un escenario desconocido.
Immanuel
Wallerstein es la principal figura del análisis de
sistemasmundo, quizá la perspectiva teórica de inspiración
marxista más influyente en las ciencias sociales desde los
‘70. Estuvo en Madrid y Barcelona invitado por la
Universidad Nómada. Tras participar, de la mano de la
Asociación Universitaria Contrapoder, en un acto en la
facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la
Complutense que contó con la asistencia de más de 600
personas entre estudiantes y profesores, tuvo unos minutos
para responder a las preguntas de este periódico.
DIAGONAL: Nos
interesa particularmente tu visión sobre las esperanzas que
debamos albergar hacia el mandato de Obama, y en qué medida
su victoria puede ser interpretada en relación a la crisis
de hegemonía norteamericana y a la percepción generalizada
de esa crisis.
IMMANUEL WALLERSTEIN: Es
positivo que Obama haya llegado a la presidencia de Estados
Unidos, pero no va a significar en modo alguno un cambio
sustancial. Actuará de forma más inteligente que su
predecesor, lo cual tampoco es difícil. La administración
Bush, con su militarismo derechista, ha precipitado el
declive de la hegemonía norteamericana en el sistema
interestatal. Frente a eso, Obama puede comprender la
situación y avanzar hacia un mundo bipolar, pero en ningún
caso podría rehacer América en el sentido de reinstaurar la
hegemonía de EE UU, que ya no volverá. Por otra parte, ante
la comprensión de los profundos problemas que afronta la
sociedad norteamericana, Obama emerge como símbolo
ilusionante para la gran mayoría del país, incluso con una
altísima popularidad en otros países. Obama aglutina a un
electorado muy amplio, que va desde la izquierda (salvo
algunos grupos minoritarios) hasta el centro-derecha, y no
podrá responder a las expectativas de todos, ni oponerse
frontalmente a los retos sistémicos que desbordan en todo
caso su capacidad de acción. Se trata de un hombre joven,
inteligente y bien formado. Además es afroamericano, lo cual
constituye un símbolo que no puede olvidarse, de extrema
importancia. Todo esto es positivo, pero no es suficiente.
Hay que ser realistas al respecto, y contextualizar las
posibilidades de cambio realmente existentes. Obama es el
mejor presidente que Estados Unidos podría tener en estos
momentos, pero no deja de ser el presidente de Estados
Unidos, una potencia hegemónica en declive en un sistema-mundo
en crisis estructural.
D.: ¿En qué
medida las turbulencias sistémicas que vivimos pueden
producir una mutación del capitalismo? ¿Marcan éstas, por el
contrario, un límite definitivo del capitalismo como sistema
histórico?
I.W.: Para leer correctamente
la etapa histórica en la que nos encontramos, tenemos que
distinguir entre las dinámicas de continuidad y las de
ruptura, entre lo normal y lo excepcional. Lo normal es el
colapso del modelo especulativo que hemos vivido, que se
corresponde con una Fase B en los ciclos de Kondratieff que
describen las dinámicas de largo plazo en la acumulación
capitalista. Lo excepcional es la transición que desde hace
30 años venimos viviendo, desde el sistema-mundo capitalista
hacia otra formación sociohistórica. A mi juicio podemos
estar seguros de que en 30 años no viviremos en el sistema-mundo
capitalista. En ese sentido, con la crisis coyuntural del
capitalismo, converge una crisis estructural, un declive
histórico del sistema- mundo. En eso se distingue esta fase
de recesión económica mundial de otras anteriores: el nuevo
sistema social que salga de esta crisis será sustancialmente
diferente. Si evolucionará en un sentido democrático e
igualitario o reaccionario y violento es una cuestión
política y por tanto abierta: depende del resultado del
conflicto entre lo que llamo “el espíritu de Davos” y “el
espíritu de Porto Alegre”. En otras palabras, de la
inteligencia y el éxito político de los movimientos
antisistémicos.
D.: Dada la
importancia que han tenido las llamadas “externalidades”,
las apropiaciones privadas no pagadas de bienes comunes
tales como los recursos naturales y ecológicos, ¿cómo
valoras el intento de Obama y de su administración de abrir
un nuevo proceso de expansión a través de un “capitalismo
verde”?
I.W.: Obama tiene como virtud
su inteligente apreciación del problema ecológico. Lo que
pueda hacer al respecto, sin embargo, está condicionado por
los nombramientos que ha hecho y por sus escasas
posibilidades de cooperación con otros países en este
sentido, dentro de un marco general de pragmatismo. Sea como
sea, el problema es enorme y escapa a las hipotéticas
políticas medioambientales de un gobierno, incluso del
estadounidense. Es necesario un cambio de modelo productivo
y, más allá, civilizatorio. Debemos vivir de otra forma,
aprovechar la transición hacia otro sistema para optar por
algo diferente. La ciudadanía estadounidense, como la
española, suele percibir las amenazas actuales casi en
exclusiva como reducción de su nivel de vida, mientras que
corremos el riesgo global, en los países ricos tanto como en
los pobres, de vivir en un mundo ecológicamente destruido,
que haga peligrar la supervivencia colectiva.
D.: ¿Puede
abrir el declive de la hegemonía norteamericana un espacio
para la emergencia de la UE como primera potencia mundial?
I.W.: Europa tiene cierta
autonomía política, pero atraviesa un período muy complejo
por tendencias muy diferentes que se están dando en su
interior. La crisis financiera está poniendo todavía más
difícil el proceso de construcción europea (imprescindible
para que pueda competir como potencia mundial). El colapso
económico que se está haciendo visible en Grecia, Italia,
España, Islandia, etc., está generando tendencias
proteccionistas muy serias. Veremos si Europa puede afrontar
las circunstancias actuales. El proceso de construcción de
la UE se ha complicado con su expansión a los países del
Este y ahora está pagando el precio.
D.: ¿De qué
manera puede impactar la crisis en las experiencias de giro
a la izquierda en Latinoamérica?
I.W.: Lo más positivo de la
presidencia de Bush fue constituir el mejor estímulo para la
integración latinoamericana. No es casual que en estos años
hayan surgido presidentes más o menos de izquierdas en 11 o
12 países de la región. Es sencillamente impresionante. El
hecho de que EE UU esté tan enfangado en Oriente Medio, hace
que carezca de la capacidad militar, política y económica
para interferir en la política latinoamericana. Actualmente,
América Latina ejerce un papel político autónomo y éste es
un hecho irreversible. Esta claro que la política de Chávez
no es la de Bachelet, ni tampoco la de Lula, pero, sea como
sea, América Latina es una fuerza geopolítica independiente
en la que Brasil es, sin duda, el primus inter pares, como
demuestran los éxitos en su política exterior. Ejemplo de
ello ha sido su papel, crucial, en las reuniones de Unasur,
del Grupo de Río, etc., que constituyen una verdadera
declaración de independencia. Por desgracia, el papel
exterior, que juzgo positivo, no ha ido acompañado de una
política interna más de izquierdas.
D.: Los
trabajadores migrantes se están convirtiendo en el chivo
expiatorio de los comportamientos políticos más
reaccionarios. ¿Cómo enfocas este problema?
I.W.: La inmigración, que
prefiero llamar migración, no sería un problema en un mundo
relativamente igualitario, pues la mayor parte de la gente
prefiere vivir donde ha nacido o, en todo caso, donde tiene
vínculos culturales de pertenencia. Quienes migran lo hacen
para mejorar su situación económica y política, y los
empresarios se benefician de ese caudal de mano de obra
comparativamente más barata que la de los países receptores.
El problema de las migraciones no puede ser resuelto dentro
de este sistema, ni en los marcos estatales o con
actuaciones policiales, pues es provocado por la inmensa
polarización económica, social y política en el mundo. Hasta
que no desaparezca ésta, no tendremos soluciones definitivas
al problema de las migraciones.
D.: ¿Cuáles
son los signos más esperanzadores en clave de emancipación y
cuáles los peores indicadores de posibles involuciones
reaccionarias o de mayor violencia sistémica?
I.W.: La situación más
positiva proviene de América Latina. Por contra, donde
encuentro más peligros en el plano geopolítico es en
Pakistán. Obama se está equivocando con su política hacia
este país. El Gobierno pakistaní, siguiendo las presiones de
EE UU, puede provocar una situación peligrosa. No hay que
olvidar que Pakistán es un país con armamento nuclear en
tensión permanente. La política de Obama no está bien
pensada para Pakistan. Obama quiere mostrarse fuerte y duro.
Para mí es un error. Habrá que estar atentos a la evolución
de los acontecimientos en los próximos meses.
Nacionalismos e
izquierdas
D.: Frantz
Fanon, que fue uno de tus referentes teóricos, reivindicó el
poder del nacionalismo como vía de liberación en los países
del Tercer Mundo. ¿Puede ser el nacionalismo un mecanismo de
emancipación en los países ricos?
I.W.: Todos los nacionalismos
son lo mismo. Cuando son reivindicaciones contra el poder,
no importa qué poder, son progresistas. Sin embargo, en el
momento en que conquistan el Estado, los nacionalistas se
hacen de derechas. Es algo normal, ocurre en todas partes.
Por eso no hay nacionalismos buenos y nacionalismos malos.
Los nacionalismos que luchan para obtener derechos pueden
implicar avances positivos, pero en el momento en que
obtienen esos derechos pierden su fuerza transformadora, en
España, en EE UU y en cualquier lugar del mundo. Eso es de
lo que Fanon se dio cuenta y por eso defendió el
panafricanismo como continuación de las luchas de liberación
nacional.
Breves notas
biográficas
El neoyorquino
Immanuel Wallerstein (1930) es autor de El moderno sistema-mundo,
obra en tres volúmenes que aporta un modelo interpretativo
basado tanto en el marxismo como en las teorías acerca de la
economía mundial de Fernand Braudel. El tercer punto
ideológico en el que se basa la teoría del sistema-mundo es
la Teoría de la Dependencia que establece la división
duradera del mundo en núcleo, semi-periferia y periferia.
Wallerstein rechaza la idea convencional de ‘Tercer mundo’
ya que, a su juicio, el intercambio económico crea una red
compleja de relaciones. Cada mes publica sus Comentarios
sobre la actualidad del mundo globalizado.